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2026-01-15

Columna de Arturo Núñez: “La doble falta”

Nunca es un buen momento, para que la temida doble falta se presente en un partido.

Para muchos, una doble falta es un regalo que se le hace al contrincante.

Habitualmente, se le denomina un error no forzado.

Pero si se reflexiona tal vez sí es forzado, producto de la preocupación que invade al saber que el adversario cuenta con una buena devolución, lo que obliga a ejecutar un excelente servicio, tomar riesgos y fallar como consecuencia.

Una doble falta es sinónimo de agotamiento físico.

Y para algunos, quien la comete carece de aplomo o carácter, porque “arruga” en las instancias de mayor tensión.

Una doble falta equivale a un error que se repite dos veces de forma consecutiva en breves instantes, lo que impacta en el aspecto moral, causando irritación o fastidio.

Pero también es una desconcentración.

Una doble falta le muestra al rival que existen grietas o fisuras, por donde se puede colar.

El adversario percibe una doble falta como sinónimo de esperanza, porque se le abre una puerta.

Una doble falta constituye la prueba que está costando gestionar el partido en el ámbito emocional, y que la mente empieza a debilitarse producto de la presión.

Una doble falta puede tener diversos significados.

Depende de cómo se la interprete.

Pero lo único seguro es que lo que deja en evidencia no resulta positivo.

Por eso, si cometes una doble falta, no te precipites, ni desesperes.

Tómate tu tiempo; respira; piensa; trata de relajarte; toma la raqueta con la mano libre para descansar tu brazo hábil; recuerda el último punto que ganaste, junto con visualizar tu lanzamiento y mecánica del servicio, para después decidir qué tipo de saque utilizarás, a qué velocidad y con qué ubicación.

Siente la pelota en tu mano e intenta no estar tenso, porque si no tu gesto técnico perderá fluidez

Ubícate en la posición para servir, respira hondo y dale botes a la pelota.

Luego, levanta la vista y verifica que tu oponente se encuentra listo para recibir tu envío.

En vez de sentir temor y nerviosismo, toma conciencia y celebra que, en ese instante del partido, el futuro del encuentro solo depende de ti.

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