
Columna de Arturo Núñez: “El equipo”
“Detrás del jugador, hay un gran equipo”, me respondió un coach amigo, cuando lo felicité por el triunfo de su alumno, quien fue campeón de un importante torneo.
Y ese entrenador tiene toda la razón.
Con frecuencia, se olvida al equipo en que se sostienen las victorias del deportista.
Un entrenador no puede conseguir resultados, si el tenista se encuentra mal preparado físicamente.
Y si el jugador se halla tenística y físicamente bien, pero no trabajado de forma adecuada en el aspecto mental para resistir la presión y la adversidad, las copas tampoco llegarán.
Un coach no es un mago, ni un dios todopoderoso.
No puede, ni debe, trabajar solo.
Necesita rodearse de distintos profesionales, que complementen su labor.
Los entrenadores son un eslabón más de una cadena conformada por preparadores físicos, sicólogos, nutricionistas, fisioterapeutas y kinesiólogos, entre otros expertos.
Los cancheros también figuran en esa lista, pues en una cancha mala, resulta imposible realizar un entrenamiento de calidad.
En Chile, no son demasiados los entrenadores que reconocen la relevancia del equipo y, por lo mismo, saben hacer equipo.
Una parte cree que todo gira en torno suyo, y que el mérito en las victorias de sus pupilos solo les corresponde a ellos.
Lamento desilusionarlos y bajarlos de esa nube.
Un entrenador requiere de un equipo con el que comparte merecimientos, le guste o no, a la hora de las celebraciones. Por otro lado, un equipo no está completo sin un coach.
Entonces, todas las partes de ese team se necesitan de manera mutua, para obtener el máximo rendimiento del jugador.
Algunos roles del equipo son más visibles que otros, pero todos constituyen engranajes imprescindibles para que el deportista alcance un estado óptimo para competir.
Cuando eso se olvida, queda en evidencia una falta de humildad producto de un ego sin control.
Incluso, ciertos entrenadores creen que son más importantes que su jugador.
No perciben que un coach sin un jugador, es nada.
Y un jugador sin un entrenador, también es nada.
Ninguno es más importante que el otro.
Ambos son esenciales.
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